
La Bella durmiente…
En una banca color gris y pública como su circunstancia,
Sueña la bella durmiente.
Entre sus manos, unos dedos gastados por el tiempo y el fuego que
Recorre las aceras de San José, y en su pelo, la noche más negra y lóbrega que puedas imaginar. Ella es la bella durmiente de la esquina.
Sus brazos, apretados bajo su peso como de pluma, su rostro adormilado y sus pies descalzos y descarnados se cruzan en mi camino, como un golpe visual que acuchilla mis sentidos un poco. Ella es almohada y colchón de un sueño alquilado por unas monedas añejas…
Sus ropas disimulan unos huesos, secos, como los corazones que ignorando su condición exigen de ella valor. Sólo se puede mirar de lejos, como desde una ventana en movimiento, pues detenerse a su lado hechiza de tal forma que no puedes apartarte tranquilo, sin tener la sensación de haber hecho lo incorrecto al abandonarla dentro del concreto y sus parajes siniestros…
Sus sueños y pertenencias reposan mojados en la bolsa de plástico al pie de la banca, fría y yerma, como la realidad que pronto la levantará de su estupor para ir a vender su cuerpo de pájaro recién tumbado por el frío, mientras ella, sin tregua, teje en su mente el príncipe azul que tanto anhela…
El deseo la sosiega mientras la bella durmiente respira despacio, como masticando el aire, con unos pulmones molidos por el humo y el mal olor de su piel…
El agua del cielo limpia las calles, pero ella no lo ve, porque ya ni siquiera sus hinchados párpados pueden admirar la belleza que le rodea…
E.M.A
2006